El abogado del damnificado, Pablo Cardozo Cisneros, señaló que en el caso «hay un mar de irregularidades» que complican a la policía.

Un trabajador de la construcción, vecino de la ciudad de Orán, denunció el viernes pasado a policías de la Brigada de Investigaciones de Orán por un violento hecho que sufrió el 28 de septiembre pasado, cuando los investigadores lo abordaron en un taller mecánico, lo golpearon y después se lo llevaron en una camioneta Toyota Hilux, hacia un calabozo. Todo habría sido por un vehículo.

El denunciante, según lo relatado por su abogado defensor, Pablo Cardozo, fue víctima de graves lesiones y amenazas, mediante las cuales lo obligaron a entregar las llaves de un rodado que días atrás había adquirido en una operación de compra y venta, la que se llevó a cabo bajo todos los requisitos legales del caso.

El letrado sospecha que los policías fueron contratados para ejecutar un apriete a su cliente, con el objetivo de que “entregue las llaves del rodado que había comprado, al parecer, para reintegrarlo a su anterior dueño, quien habría pagado la suma de 300 mil pesos a los policías en concepto de mano de obra”.

“Lo que le sucedió a mi cliente es casualmente lo que denunció el Procurador General de la Provincia, Pedro García Castiella, cuando advirtió sobre el crimen organizado que sucede en el norte, en especial en Orán”, ratificó Cardozo.

Por Radio A 92.3, el abogado que aún la causa no tiene carátula. Lo que se realizó fue una denuncia por la probable comisión de los delitos de tortura, apremias ilegales, coacción agravada y cohecho.

El caso

Sobre el hecho, la víctima reveló que el jueves pasado, aproximadamente 20:30, estaba en un taller mecánico y mientras hablaba con el dueño, de pronto “fui abordado por un sujeto que dijo pertenecer a la Brigada de Investigaciones de Orán quien, tras solo identificarse, me comenzó a propinar golpes y pronto se sumaron al ataque tres individuos más”.

Explicó que los golpes fueron a la altura del cuello, brazos, espalda y piernas, por lo que se cayó al suelo. Fue entonces que “aprovecharon para patearme en la espalda. Una vez que consiguieron someterme y en un momento en que pude hablar, pregunté si tenían orden de detención, pero no me contestaron”.

Indicó que luego lo levantaron del lugar y “me llevaron arrastrándome dentro una camioneta Toyota Hilux blanca, y comenzaron a interrogarme respecto del paradero de un vehículo de mi propiedad, Chevrolet Sonic. Mientras me hacían preguntas, me golpeaban en el rostro, me jalaban del cabello y me aplicaban golpes cortos en la zona torácica”.

También lo habrían amenazado para que informe donde estaba el auto, sino “me llevarían a dar lo que ellos denominaron ´paseo de la muerte´, que me torturarían hasta que hable mientras me conducirían por las zonas más desoladas de la ciudad y que me arrojarían en un canal cerca del basural”.

Entre otras intimidaciones, dijo que lo amenazaron con quitarle otros dos vehículos que posee. “Luego me condujeron a un sector de la intersección de calle Arenales y Segundo Sombra y reiniciaron con los golpes y amenazas con el fin de que les indicara en cuál de los inmuebles de la zona se encontraba el automotor”.

Finalmente, y a raíz de las terribles amenazas y golpes aplicados, “me obligaron a señalar el domicilio que buscaban”.

En esos momentos, tres de los policías se bajaron y “me dejaron a cargo de uno de ellos el cual, tras de un breve momento, se dirigió a mí diciéndome textualmente: “El otro puso 300 (mil) para que le rescatemos el auto, vos…¡cuánto vas a poner?, dichos y pregunta que no entendía al principio, pero después me quedó claro que los policías estaban tentando una especie de remate puesto que me ofrecieron, palabras más, palabras menos, supeditar el resultado de sus tareas, al mejor postor”, agregó.

Aclaró que el “otro” que mencionaron sería el titular anterior del vehículo, todo esto en un contexto de golpes, tanto para dar el paradero del rodado y también para que “les proporcionara la clave de acceso a mi celular”.

“Cuando estaba en el vehículo observé que se hizo presente personal de infantería en un utilitario que es característico de esa unidad especial, en el que me llevaron hasta las instalaciones de la Brigada de Investigaciones, en calle 9 de Julio. Una vez allí procedieron a despojarme de todas mis pertenencias y me alojaron en un calabozo”, relató.

La maniobra

Denunció que luego de unos minutos, se apareció un hombre con ropa deportiva, quien se trataba del “jefe”, por lo que le informaron los otros detenidos. Este sujeto me “volvió a amenazar diciéndome que yo iba a estar preso todo el tiempo que fuere necesario hasta que le entregara la llave del vehículo”.

Sostuvo que, a raíz de todas las agresiones y amenazas, lograron apoderarse de las llaves del rodado. Después “fui liberado, pero no retiré del lugar puesto que me habían dicho previamente que el vehículo iba a quedar secuestrado en ese lugar hasta que el Fiscal decida cómo proceder”.

Más tarde, el denunciante vio que se hizo presente una persona que “identifiqué como el anterior propietario del Chevrolet Sonic, quien portaba una bolsa de color oscuro y luego de tan solo cinco minutos, salió de las instalaciones ya sin esa bolsa y se subió al vehículo y se retiró”.

La aparición de este hombre, según la denuncia, llevó a la víctima a sospechar más de lo que el policía le dijo respecto a que “el otro le había ofrecido 300 mil pesos para recuperar el rodado. Todo esto me da fundamentos para suponer efectivamente que podría haber pagado dinero para que le recuperaran el vehículo, sin las formalidades, sin derecho y totalmente fuera de la ley”, concluyó.

Su abogado, por su parte, calificó el hecho de extrema gravedad y puso en dudas el accionar policial, lo que ya “es una constante” en Orán, donde la corrupción es más frecuente, tal como lo alertó el procurador general, al referirse al crimen organizado en el norte.

Fuente: Informate Salta

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